¿Es nuestro sistema educativo productivo?

June 12, 2017

 

 

Empecemos desde el principio. El sistema educativo que conocemos se diseñó en gran medida durante la Revolución Industrial. Bajo el punto de vista de Marc Prensky, experto en educación, se creó cuando faltaba mano de obra preparada para abastecer las necesidades de un mercado nuevo, donde se necesitaban obreros para la maquinaria de todas las nuevas industrias. Poco se sabía  de la educación, que se basaba en la cadena: transmitir información, memorizar, repetir y vuelta a empezar.

 

Es evidente que la educación ha evolucionado, pero no podemos negar que el patrón del que os hablaba antes sigue estando muy presente, y en muchos casos la relación alumno- profesor se basa en una mera transmisión de contenidos por parte del docente y una reproducción lo más exacta posible por parte del alumno. Aunque en las aulas vemos la progresiva implantación de las nuevas tecnologías, la incorporación del trabajo en equipo, el alumno activo y no pasivo, y contenidos más dinamizados…

 

¿Es nuestro sistema educativo eficaz? ¿Deberíamos cambiar de enfoque además de muchos aspectos del sistema actual? ¿Ayudamos a nuestros jóvenes a ser creativos? ¿Sacamos todo su potencial?

 

Muchas preguntas y una sola respuesta: Hay mucho por hacer. Existen teorías y avances que plantearían una mejora en nuestro sistema. A continuación os presentaré algunos de los retos a los que se debería enfrentar la educación del futuro:

 

  1. La neuroeducación

 

El término neuroeducación no es únicamente un neologismo. Tampoco es una moda pasajera, sino que se trata de todo un concepto con unas implicaciones importantísimas que replantean la educación como la concebimos hoy en día. Con la neuroeducación utilizamos los conocimientos existentes sobre el funcionamiento cerebral para aplicarlos en el proceso del aprendizaje. Gracias a esto podemos enseñar mejor y por tanto, conseguir mejores resultados.   

 

Para mi descubrir las teorías del doctor Francisco Mora fue toda una revelación y al mismo tiempo un alivio. Según Francisco Mora, autor del libro “Neuroeducación: solo se puede aprender  aquello que se ama” el aprender está directamente relacionado con la emoción. Los estudios demuestran que no hay cerebro cognitivo que no haya sido filtrado por el cerebro emocional. ¿Pero esto qué quiere decir?

 

Pues que el cerebro necesita emocionarse para aprender. Necesitamos despertar cadenas de razonamiento, despertar en el alumno relaciones y analogías, pensamiento propio. Aspectos como la curiosidad, la empatía y la emoción son esenciales en el planteamiento de una clase de cualquier docente ya que la capacidad de atención no es automática sino que se tiene que incitar.

Mora también destaca el papel de la empatía. Los alumnos son capaces de percibir lo que otra persona siente o transmite. Es esencial que un docente tenga pasión por lo que hace y que transmita esa pasión a través de sus habilidades comunicativas. Hablaremos con más detalle de la neuroeducación en futuros posts.

 

2. ¿Cantidad o calidad?

 

Otro enfoque fundamental en la mejora de nuestro sistema educativo pasa por la optimización. Desde mi punto de vista y siguiendo muy de cerca los estudios del doctor canadiense James Cummins y la doctora Olga Esteve, experta en aprendizaje de lenguas extranjeras, no se trata de la cantidad sino de la calidad. Nuestro sistema educativo no es productivo. Hay conceptos que se repiten una y otra vez, de manera sistemática, no solamente en el ciclo de vida de una asignatura sino entre varias asignaturas. Por ejemplo, ¿por qué enseñar la voz pasiva en tres asignaturas diferentes duplicando contenidos? ¿Por qué no trabajar de manera coordinada entre departamentos para plantear a nuestros alumnos diferencias y similitudes entre aspectos gramaticales de unas lenguas y otras? Estudios recientes demuestras que los alumnos aprenden más si relacionan conceptos, puesto que las diferencias que existen entre estos mismos conceptos les plantean preguntas, les crean una curiosidad que quieren responder, y entonces ocurre, no hace falta memorizar, los alumnos razonan e interiorizan.

 

3. Adecuación de las asignaturas.

 

El mundo avanza, todo a nuestro alrededor cambia. Nuevas profesiones aparecen y otras desaparecen, dando paso a nuevos paradigmas y situaciones. Parece que en el ámbito universitario vemos estos cambios reflejados en cierto modo con el surgimiento de nuevas carreras universitarias. De hecho no hace mucho leí que los estudiantes estudian para convertirse en profesionales de campos o profesiones que todavía no existen.

 

Por esta misma razón, deberíamos empezar a implantar nuevas asignaturas en el sistema educativo a distintos niveles, sobre todo en la enseñanza secundaria. Años y años con la misma programación, las mismas asignaturas. Muchos expertos en educación plantean la posibilidad de fusionar asignaturas, crear otras nuevas, reemplazar algunas otras por proyectos multidisciplinares donde se entrelacen aspectos históricos, filosóficos y lingüísticos, por ejemplo. El mercado de hoy en día busca a profesionales polivalentes, ¿por qué no diseñar planes de estudio y programaciones más inclusivas y más completas?

 

 

Por desgracia, la realidad es que en nuestras aulas hay alumnos desmotivados, que no saben en qué destacan, que no sacan todo su potencial. Tenemos el deber de fomentar su creatividad y su carrera profesional, y sí se puede, pero muchas cosas deberían cambiar.

Me gustaría finalizar mi artículo con una reflexión del doctor Francisco Mora que dice:

 

“Los profesores tienen que ser la joya de la corona de un país, porque sobre sus espaldas recae una enorme responsabilidad. Tienen que estar muy formados y conseguir que los niños se sientan realmente entusiasmados por lo que aprenden. Porque esa es la base para crear no solo ciudadanos cultos, sino también honestos y libres”

 

 

 

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